domingo, 21 de marzo de 2010

REACCIONES A LA REFORMA DE SALUD DE OBAMA

Así reaccionaron importantes figuras de Estados Unidos y el mundo ante la aprobación por el Congreso de la reforma de salud del Presidente Barack Obama:


Democrats of the Congress: “In your face Republicans!!”

Margaret Thatcher y Ronald Reagan: “F*ck you Barack Obama!”

Barack Obama: “Now I can think of re-election”

Sarah Palin: “You wish, socialist rat!”

Hillary Clinton: “I could have done it better…Mr. President”

Michelle Obama: “Barack, you’ll be rewarded tonight" (kinky quote)

George W. Bush: “Let’s invade the White House and establish a democratic regime”

Felipe Calderon: “We have similar social policies, just ask the Mexican electricity workers”

Nancy Pelosi: “I wish I wasn’t this old, 2012 could be my year…the reform was all about me”

Angelina Jolie: “Now, my next 15 adopted kids will get free insurance….and Madonna’s”

Milton Friedman: “Why God, why?!!!”

Paris Hilton: “That’s hot”

Con cariño,

Juan




lunes, 15 de marzo de 2010

Nombrando a un hijo

Soy un precoz, lo admito. Ni siquiera tengo novia y ya me he puesto a pensar en nombres para mis hijos, pero es que el darle un nombre a un ser humano es toda una tarea, pues se le está determinando en cierta medida su identidad. No sé cuanto tiempo tomará el proceso de tener novia-casarme-tener hijos, pero hay que estar preparados para todo, por tal motivo pongo a su consideración mi lista de nombres favoritos, para conocer sus puntos de vista y también leer sugerencias. No soy machista, pero sueño con que el primer hijo sea hombres, así que primero revisemos mis opciones de nombre de varón.

-Juan Andrés: Quiero que mi hijo tenga mi nombre, pues también mi papá se llama Juan y sería crear una tradición simpática para las futuras generaciones de hombres Ascencio. Creo que el nombre “Juan” es muy simple, por ello he pensado en uno con el que se pueda combinar y suene bien, “Andrés” me agrada, juntos suenan elegantes y combinan con el apellido Ascencio.

-Mateo: Es uno de los nombres bíblicos que más me gustan. El evangelio de Mateo presenta a Jesús como rey y está lleno de parábolas bellas. No es un nombre común y suena fresco, el problema es que no armoniza tan bien con el apellido Ascencio.

-Leopoldo: Creo que si mi hijo es un chico educado, intelectual, respetuoso, serio y simpático, este nombre le sentaría muy bien. Me agrada como suena “Leopoldo Ascencio”, y le podríamos llamar Leo. A todos los que les he hablado de este nombre se han opuesto rotundamente.

-Emiliano: Fue una propuesta de mi gran amiga María José, y me agrada, además suena bien “Emiliano Ascencio”, tampoco es un nombre común, aunque lo siento muy ajeno a mi historia; nunca he sido fan de algún Emiliano, ni de Zapata, no tengo ningún familiar con ese nombre, ni un amigo.

Ahora los nombres de niña:

-Isabela: Ha sido uno de mis nombres favoritos, pero últimamente se ha hecho muy común, muy vulgar (gracias Crepúsculo!), así que tengo muchas dudas al respecto, cada vez desecho más la idea.

-Victoria: Lo que me agrada de este nombre es que podría llamar “Vicky” a mi hija, como mi mamá, pero me desagrada porque también es un nombre común, muy usado en telenovelas, muy como de “familia rica en decadencia”, quizás si se combina con “Ana” suene mejor.

-Inés: Me gusta, es como para una niña tierna, noble, femenina, de buen corazón. Creo que si detrás del nacimiento de mi hija hay una circunstancia dura que me conduzca a conocer la bondad de las personas, este nombre terminaría por convencerme.

-Sarah: Me ha encantado este nombre desde niño, y me imagino a una hija inteligente, audaz, fuerte y noble. No creo que armonice muy bien con mi apellido, pero tiene a su favor no ser un nombre común. Creo que es la opción más viable.

Compañeros, ¿qué piensan?

martes, 9 de marzo de 2010

Los placeres de Juan

Hay ciertas cosas que siempre logran animarme, sacarme una sonrisa y hacerme sentir muy tranquilo. Son cosas muy pequeñas, pero que disfruto enormemente y que creo que serían la cura perfecta para un momento de tristeza, angustia, estrés o bien para compartirlas con alguien, trasmitirle la alegría que me producen estas actividades.

A continuación enlistaré 5 cosas a las que denomino “los grandes placeres de mi vida”, actividades que simplemente tienen el efecto de hacerme feliz.

1) Comer pan caliente, no pan dulce, sino tipo bolillo o algo por el estilo. Mientras más caliente mejor. Podría comer sólo pan caliente y no quejarme, es una delicia, prefiero un pan caliente a una gran comida. Si se puede acompañar de chocolate caliente, el placer es total.
2) Leer revistas en los supermercados .Creo que desde niño hago esto, me encantaba que mis papás se fueran a hacer las compras mientras yo me dedicaba a leer cuanta revista quisiera. Todavía lo hago y lo disfruto bastante, sobre todo las revistas que tienen consejos prácticos como Squire, GQ o Men’s Health, aunque ahora, en mi papel de “amo de casa”, tengo que ingeniarmelas para que me de tiempo de comprar y a la vez de leer.
3) Hacer una caminata. No en lugares tranquilos, si no en sitios muy concurrios, me fascina ver gente, no soy enemigo de las aglomeraciones. Mi actual ruta favorita es de la facultad a mi casa, pero también me encanta recorrer toda Ixtapa a pie. Mientras más larga y demandante sea la ruta más la disfruto. Si la realizo acompañado debe ser con alguien que también lo disfrute y no se queje.
4) Una conversación larga y tendida con cualquiera de los miembros de mi lista de personas consentidas. Con estas personas el tiempo no pasa, y siempre es genial llegar a conocerlos más, recibir consejo, hacer broma, escucharlos, etc. Una de las personas con las que más disfruto conversar es mi papá. Lo bueno de esto es que la lista siempre está abierta para crecer, no me podría perder la oportunidad de tener una buena conversación.
5) La secuencia “hacer ejercicio-bañarme-arreglarme”. Es una actividad que desafortunadamente no sucede con gran frecuencia, no me organizo tan bien como para hacer ejercicio constantemente o no tengo tiempo para escoger mi ropa o ningún evento que me lo demande, pero cuando sucede me hace sentir excelente. Lo único de lo que no prescindo es de bañarme.

sábado, 27 de febrero de 2010

Un sueño realizado

Siempre me da melancolía cada vez que termina un día de clases y mis amigos se apresuran a llegar a sus casas porque sus familias los esperan, quizás no con recibimientos fuera de lo normal, pero están al pendiente de su llegada, les llaman para saber si están cerca e incluso los esperan para cenar.

Yo no he podido disfrutar de algo así desde los diésiciete años, pues tuve que dejar a mi familia para estudiar en la Ciudad de México, y aunque mis papás me llaman con frecuencia y he hallado amigos que son como hermanos, nada sustituye al momento en que todos los miembros de la familia se reúnen y comentan las diversas experiencias que hayan tenido en el día hasta que deciden darse las buenas noches.

Pero esta semana fue diferente, mi papá estuvo en la ciudad. Aunque sólo lo pude ver dos veces en el tiempo que duró su estancia -vino en plan de trabajo, con una agenda muy apretada- fui profundamente feliz, sobre todo la noche del jueves.

Esa noche, terminar el día de clases fue completamente distinto, no tendría que ir a mi departamento, sino que iba a reunirme con mi papá. Mi viaje en metro duró más, no fui el primero de mis amigos en despedirse, sino que hasta tuve que hacer un transborde. Al salir del metro me topé con una calle oscura y llena de personas sospechosas, pero siempre mi papá me enviaba mensajes para saber si ya estaba cerca del hotel en el que se hospedaba.

Haciendo caso de las precauciones que mi mejor amigo me aconsejó tomar, caminé por una calle oscura que desconocía para encontrarme con mi papá, quien me esperaba alerta en la entrada del hotel. Después nos dispusimos a buscar algún restaurante que a esa hora de la noche –once y media- siguiera trabajando y afortunadamente llegamos a Reforma y encontramos un lugar agradable, donde disfrutamos de un rica cena y una interesante conversación.

Por supuesto que mi mamá nos hizo falta, pero se sumó a la plática por unos instantes a través del celular, así que puedo decir que viví un día como siempre lo quise, que concluyera con un reencuentro con mi familia, algo que seguramente tardará mucho en repetirse.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Soy Feliciano

Aprovechando la coyuntura del peculiar pase de lista de la pasada clase, he decidido contar la historia de mi segundo nombre, Feliciano, el cual utilizo con muy poca frecuencia y que hasta llego a considerar como ajeno a mi identidad.

Mi segundo nombre fue idea de mi papá, o más bien, imposición. La relación entre éste y mi abuelo fue muy estrecha y llena de enseñanzas de vida muy valiosas, por lo que es comprensible que tras su muerte quisiera darle su nombre a su primogénito, es decir yo.

Mi abuelo murió muchos antes de que yo naciera, nunca fue una imagen viva en mi mente, sólo me formé ideas de él gracias a los recuerdos de mi papá y el entusiasmo con que mi mamá me contaba de sus cualidades humanas. Gracias a esto logre despertar un sentimiento de cariño hacia mi abuelo y mucho de lo que me decían de él lo veía reflejado en la personalidad de mi papá.

No obstante, nadie se refirió a mí como Feliciano en los primeros 8 años de mi vida, para todas las personas era “Juanito”, lo cual impactó en la construcción de mi identidad, pues todo lo bueno o malo que hiciera eran acciones de un individuo llamado Juan, nunca de un Feliciano.

En tercero de primaria me cambié de colegio y la maestra al pasar lista me preguntó cual de mis dos nombres prefería, a lo que yo respondí sin dudarlo: Juan. Desafortunadamente, ella mostró poca voluntad por respetar de mi decisión y a partir de ese momento se refirió a mí como Feliciano, propiciando que todos mis compañeros hicieran lo mismo y causándome una gran incomodidad, simplemente no me sentía yo.

Estuve en ese colegio hasta concluir la secundaria y nunca volví a ser Juan ante la masa social, sólo quienes eran mis amigos cercanos me llamaban Juan, lo cual yo valoraba sobremanera. A llegar a la preparatoria me aseguré de ser conocido como Juan, y prácticamente hice todo por sepultar a Feliciano. Le imprimí de nuevo vida a Juan, haciéndo muchas cosas que las personas asociaran con ese nombre y afortunadamente todo salió bien, al estilo de “Sting” o “Madonna”, en la preparatoria fui “Juan”.

Al llegar a la universidad pude mantener con vida a Juan e incluso recuperé al “Juanito” de mi infancia, además de descubrir nuevas modalidades de parte de mis amigos como “Juanillo”, “Juanelo”, “Juancho” y “Juanchik”, ésta última creación de mi profesora de ruso. Asimismo, me di cuenta de que el ambiente universitario te exige un apellido, pues tienes que responsabilizarte por todo lo que hagas, pero afortunadamente todo se ordenó para poder ser hoy Juan Ascencio.

No me puedo deshacer de mi segundo nombre y ni quiero hacerlo, existe una razón muy bella para tenerlo; junto con el de Juan- nombre de mi papá- encierra una historia de superación, liderazgo y moralidad de la que quiero ser parte. Soy Juan, la persona a la que todos ustedes conocen, pero también soy Feliciano, un eslabón de una cadena de lucha y esfuerzo que me produce un gran orgullo.

jueves, 11 de febrero de 2010

Soren y Regina

Una de las historias de amor más bellas y al mismo tiempo tristes que he conocido es aquella protagonizada por el filósofo y teólogo danés Soren Kierkegaard y Regina Olsen, historia definida por la fidelidad que un hombre decidió mantener hacia Dios, conduciéndolo a elegir para su vida algo que para muchos podría parecer irracional.

Kierkegaard se enamoró de Regina al poco tiempo de conocerla, siendo ella una joven de catorce años de edad, y se acercó a ella para establecer una bella amistad hasta que se animó a cortejarla formalmente. Al mismo tiempo, se encargaba de estudiar profundamente teología y analizar el rol de la Iglesia y temas como el amor.

Tras dos años de cortejo, Kierkergaard dio un paso importante, proponiéndo matrimonio a Regina y pidiendo su mano a su padre, quien no hesitó en aprobar el compromiso, llenando de felicidad a los novios. A partir de este momento la vida de Kierkegaard tomó un giro distinto, pues su vida espiritual florecía significativamente, así como su faceta como un exitoso académico.

Un año entero casi de no verse tuvieron que aguantar los novios, pues Kierkegaard se concentró en sus estudios de teología y fiolosofía, conformándose con cartas que se enviaban cada miércoles. Kierkegaard comenzó a ser utilizado por Dios de gran manera y pronto se dio cuenta de que el compromiso con Regina distaba de convertirse en la consolidación de una parte importante del propósito de Dios para su vida.

Kierkergaard sabía que Dios quería hacer de él un siervo completo y dar bendición al pueblo a través de sus acciones, pero para alcanzar tal plenitud no podía mantener con vida un romance con alguien que no consideraba a Dios como una prioridad y que no iba a comprender los procesos por lo que él pasaría. Por tal motivo, a casi un año de establecido el compromiso, Kierkergaard le puso fin, causando una profunda tristeza a Regina y a él mismo, quien confesó después haber llorado durante varias noches por ella.

Kierkegaard tuvo que tomar una decisión muy importante, lo cual no pudo haber sido sencillo, no obstante eligió ser fiel a Dios y consolidarse como un discípulo maduro y de gran bendición para su generación. Seguramente muchas veces llegó a entristecerse por Regina, pero logró hallar fuerza en Dios y establecerlo como su amor más importante, que fue el tesoro más grande que pudo hallar como hombre.

Indudablemente seguir a Dios nos coloca en situaciones en las que hay que hacer elecciones dolorosas, pero debemos confiar en que Dios toma nuestro dolor y lo transforma en un profundo gozo, y tener siempre presente que nada podrá superar la plenitud que únicamente se forja con las manos de nuestro creador.

martes, 9 de febrero de 2010

The MAN I want to be


Hoy quiero encontrarme con ella y conquistarla con una sonrisa
Tomarla de la mano y admirar su belleza.
Hoy quiero ser valiente y tener fuerza,
Quiero defenderla y dejar que me enamore.

Hoy quiero ser un matador y derrotar en mí lo malo,
Dedicar a ella un triunfo y resistir el dolor.
Hoy quiero que mi pasión la trastorne,
Convertirme para ella en todos los hombres.

Hoy quiero darle la mano a mi pueblo,
Regalarle justicia y un mañana de dignidad.
Hoy quiero ser la voz del oprimido y sufrir con él,
Quiero ser amigo de la esperanza y hermano del abandonado.

Hoy quiero que el poder me permita ser humano,
para poder amar al injusto y regalarle perdón.
Hoy quiero abrazar con el alma a la paz,
Y mantenerla en mi pecho hasta la muerte.

Hoy quiero que el amor me transforme,
Ser un discípulo y una roca para el necesitado.
Hoy quiero ser un hijo amado y fiel,
Ser tomado en sus brazos y mirar su rostro.

Hoy soy gracias a ti,
Y mañana también quiero serlo.

Texto inspirado en las obras de todos los hombres que me motivan a ser mejor día con día: Cary Grant, James Bond (el personaje), Cayetano Rivera Ordoñez, Leonardo DiCaprio, Lázaro Cárdenas, Martin Luther King, Franklin D. Roosevelt, Dag Hammarshold, Apóstol Pedro y Jesús.